General News and Topics from Benton Pena
Tuesday, February 17, 2004
The Economist se hace eco de impopularidad de Mejía
Al enfocar la situación del país, indica que "fuera del béisbol", Mejía no tiene buenas noticias que ofrecer
Santo Domingo. Como un Presidente "profundamente impopular", que a pesar de ello busca la reelección, es definido el presidente Hipólito Mejía en un artículo del último número de la revista The Economist.
"Mejía busca un jonrón" es el título del artículo, en el que se destaca, como una expresión de disgusto de la población con la gestión del gobernante, el abucheo que se le hizo durante el lanzamiento de la primera bola de la Serie del Caribe.
Resalta que a pesar del triunfo del equipo de su país "repleto de estrellas de grandes ligas", el jefe de Estado no salió bien parado al participar en la ceremonia inaugural. "Fuera del béisbol, él no tiene buenas noticias para sus paisanos", señala.
También menciona la huelga realizada los días 28 y 29 de enero, que tuvo un saldo de siete muertos y decenas de heridos, así como el bajo porcentaje de popularidad que el Presidente obtiene en las encuestas.
Señala que a pesar de ello, el mandatario ha logrado “maniobrar” para presentarse como candidato a las elecciones de mayo, y resalta el hecho de que para ello tuvo que ser eliminada la prohibición a la repostulación presidencial que establecía la Constitución.
- HMP
Tuesday, February 10, 2004
Comercio electrónico de divisas
Luis E. Núñez Santana
En el país se está viviendo en estos momentos una situación bien interesante para lo que deberá ser la operatividad del mercado cambiario dominicano en el futuro, luego de que se ponga en vigencia en términos definitivos lo que sobre el particular establece la Ley Monetaria y Financiera, en especial lo relativo al proceso reglamentario y a los instructivos correspondientes.
Dicha Ley establece que el régimen cambiario estará basado en la libre convertibilidad de la moneda nacional con otras divisas; que los agentes económicos podrán realizar transacciones en divisas en las condiciones que libremente pacten de acuerdo con las normas generales sobre contractos; que la intermediación cambiaria solo podrá ser realizada por las entidades de intermediación financiera autorizadas y por los agentes de cambio; que los agentes de cambio deberán contar con la previa autorización de la Junta Monetaria para operar como tales; que estas entidades se considerarán sujetas a regulación conforme a esa Ley, y que la Junta Monetaria establecerá por reglamento su estatuto, en el cual se determinen las condiciones necesarias para su autorización y funcionamiento.
Lo relativo a la parte reglamentaria es un asunto que de acuerdo a lo que se ha discutido con los técnicos del Banco Central deberá entrar en vigencia en un tiempo no muy lejano, luego de que la Junta Monetaria le dé su aprobación.
Sin embargo, existen otros elementos operativos que también son importantes para un mercado cambiario que se desempeñe con transparencia y eficiencia. Nos referimos al comercio electrónico de divisas, que igualmente está contemplado en la Ley Monetaria y Financiera en su Art. 41, como una entidad de apoyo, y que como tal debe contar con la regulación correspondiente, bajo el mismo espíritu de competencia implícito en dicha legislación.
El comercio electrónico de divisas, tal y como su nombre lo indica, es un sistema de negociación electrónica de divisas que funciona en diversos países de América Latina y del mundo, mediante el cual se transan a diario miles de millones de dólares en las condiciones más competitivas y transparentes posible, utilizando plataformas electrónicas que se adaptan a las regulaciones legales de cualquier economía.
Esos sistemas tienen la ventaja de que no solamente sirven para facilitar las operaciones cambiarias como tales, sino como una importante fuente de información para los fines de formulación y ejecución de política monetaria y cambiaria, incluyendo, en nuestro caso, la posibilidad de que tanto el propio Banco Central como las grandes empresas compradoras de divisas puedan estar permanentemente presentes, haciendo sus operaciones sin hacer el ruido que normalmente se da cuando algunos comerciantes o importadores salen a cotizar sumas importantes de divisas en mercados tan reducidos como lo es el dominicano.
Mediante estos esquemas, un agente económico puede realizar cientos de operaciones en un solo día, comprando o vendiendo cantidades diversas sin que el mercado se altere y sin que se den las condiciones de acaparamiento o de especulación que son propias de economías como la dominicana, en que funcionan grupos económicos con grandes concentraciones relativas de capital y con capacidad para influir sobre los precios.
Entre otros sistemas operativos electrónicos, se pueden describir dos tipos que en cierta medida pueden convivir el uno con el otro, o desarrollarse bajo una determinada regulación, que al efecto elabore la autoridad monetaria, para ofrecer sus servicios en términos competitivos. En el caso dominicano, el gran rol de las autoridades monetarias, que se lo asigna la propia Ley Monetaria y Financiera vigente, deberá ser el de crear las condiciones reglamentarias y de supervisión para que puedan entrar al mercado a ofrecer estos servicios todas las empresas que así lo consideren conveniente, y que sea el propio mercado el que determine las que finalmente se queden. De esta forma la autoridad se protege de no estar promoviendo o apoyando el manejo monopólico de una actividad tan importante como ésta.
El primero de estos dos sistemas podría ser uno desarrollado o adaptado para que una gran empresa haga operaciones cambiarias con sus clientes. En este caso, la empresa puede identificar con claridad cuáles de sus clientes están entrando y saliendo para presentar o deshacer posiciones u ofertas de compra o de venta de divisas y bajo qué condiciones de valor, precios y tiempo están dispuestos a cerrar las transacciones. Dependiendo de las reglamentaciones vigentes, estos clientes pueden ser generadores de divisas, intermediarios cambiarios (entidades financieras, empresas remesadoras y agencias de cambio), importadores o usuarios de divisas y las propias autoridades monetarias para fines de administración de reservas, de pagos propios al exterior o para atender requerimientos de terceros (Gobierno).
El otro esquema podría ser uno que se implemente no ya para una empresa o entidad en particular, sino para el mercado, en el cual los clientes o los participantes no se identifican sino al final de la transacción, es decir en el momento en que la misma se vaya a ejecutar para los fines de hacer u ordenar los pagos correspondientes. En este caso, además de la empresa administradora del sistema, que no debe ser un intermediario cambiario, la autoridad reguladora, en su condición de supervisora y ejecutora de operaciones con fines no lucrativos sino de política económica, podría ser la única participante que tenga acceso privilegiado para conocer quienes son los que en un momento dado están presentando posiciones y las condiciones bajo la cuales están operando, como una forma de conocer la tendencia que puede tomar el mercado y para prevenir los movimientos especulativos del tipo de cambio.
En una situación en la cual no estén presentes los elementos de crisis económicas actuales, o en la cual las operaciones cambiarias se puedan hacer en un ambiente de estabilidad y confianza, el Banco Central puede, usando una herramienta como ésta, jugar un importante rol para contribuir a que dichas operaciones se ejecuten en las mejores condiciones de eficiencia y de precios competitivos, incluyendo suavizar los movimientos estacionales que son característicos del mercado dominicano, y en apoyo a una política monetaria que tenga como prioridad el conseguir bajas tasas de interés para hacer mas eficiente la producción nacional de bienes y servicios.
Ese rol lo puede jugar el Banco Central estando presente en forma más o menos permanente en el mercado, realizando operaciones de compra o de venta para neutralizar los movimientos que en un sentido o en otro se estén verificando en un momento dado. La idea es que esas operaciones del Banco Central no hagan ruido y que puedan ser tan ágiles como para no permitir que algún movimiento pueda tomar fuerza. Para ello, de lo que se precisa es de que la entidad emisora este en condiciones de hacer operaciones de venta cuando la demanda del mercado sea mayor que la oferta, o de compra cuando ocurra lo contrario.
Para que el Banco Central pueda ejecutar con éxito una política de esta naturaleza, es preciso que se trabaje en base a una balanza cambiaria en la cual se haga una buena programación, y se le dé el debido seguimiento, de todos los pagos que se vayan a realizar en el curso del año con cargo a la reservas oficiales; se defina la meta de reserva y, en función de ésta, se trabaje con objetivos anuales y no mensuales. Esto quiere decir que no debe haber mayores preocupaciones si en un mes determinado se produce una reducción de los niveles de reservas debido al esfuerzo que se haya realizado para suavizar un movimiento estacional de la tasa de cambio.
Si una política de esta naturaleza se ejecutara con el apoyo de la política fiscal, el Banco Central podría darse el lujo de lograr su objetivo de estabilidad de precios, sin impedir que los desajustes del sector externo se vayan corrigiendo automáticamente y sin estos traumas económicos que tantos daños causan de tiempo en tiempo.
El autor es Economista.
lnunezl@nunezasoc.com
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